Cuando quieres estar bella y terminas haciendo el ridículo

Cuando quieres estar bella y terminas haciendo el ridículo

Aquellos vergonzosos momentos cuando por querer vernos bellas, terminamos haciendo el ridículo.

No nos digamos mentiras. Cuando se trata de belleza, las mujeres hacemos lo que sea; si nos dice que echarse babas en la cola la tonifica, lo hacemos, pero, ¿qué pasa cuando por complacer a otros, o por seguir sus requerimientos, terminamos haciendo el ridículo? Te lo contamos.

Cuando en tu oficina se ponen de acuerdo para que al otro día todas vengan, por ejemplo, con la cola de caballo más alta que puedan… Y a la mañana siguiente tú eres la única tonta que se hizo ese ridículo peinado.

 

Cuando te mandas a hacer las uñas en la hora del almuerzo justo antes de una reunión, y aceptas el consejo de la manicurista en cuanto a diseño, pero al llegar a la oficina, 5 minutos antes de entrar, te percatas de que lo que te hiciste solo le quedaba bien a ella, y que a ti te queda horrible.

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Cuando te ganas un premio para “maquillaje gratis” y descubres que será frente a las cámaras, en directo, en horario triple A y que te van a maquillar de payacito para Halloween.

 

Cuando aceptas el regalo de cumpleaños de una tía: un cambio de look sorpresa, y al mirarte en el espejo te das cuenta que quedaste igualita a tu tía… ¡Que tiene 50 años más que tú! Y lo peor es que no quieres herir sus sentimientos, así que tendrás que quedarte callada durante la fiesta… ¡También sorpresa!

 

Cuando te quitas las cejas para participar en una obra de teatro que así lo requiere, pero estas empiezan a crecerte justo en una entrevista de trabajo.

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Cuando te haces un bronceado artificial obligado por tus amigas, y descubres que ellas quedaron divinas, mientras que tú pareces un camarón pintado con témpera anaranjada.

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